En muchas organizaciones, especialmente en aquellas con operaciones complejas y alto volumen transaccional, hay una frase que se repite con resignación:
Eso lo ve TI
- Cambiar una regla
- Ajustar un flujo
- Activar una campaña
- Responder a una contingencia
Todo pasa por el mismo lugar. Y aunque en apariencia ese modelo entrega control y seguridad, en la práctica suele producir el efecto contrario: el negocio pierde velocidad, las decisiones llegan tarde y el costo se acumula de forma silenciosa. Porque cuando TI se transforma en el cuello de botella operativo, el problema no es tecnológico. Es estructural.
Cómo TI terminó en el centro de todo
La mayoría de las organizaciones no decidió conscientemente que TI fuera el intermediario de cada ajuste del negocio. Simplemente ocurrió.
- Los sistemas crecieron
- Las integraciones se volvieron más complejas
- Las reglas se codificaron
- Y cada cambio empezó a percibirse como un “riesgo técnico”
Para evitar errores, se centralizó el control. Para evitar fallos, se limitaron los accesos. Para proteger la estabilidad, se creó dependencia. Desde ese punto, el patrón se repite:
- El negocio detecta una necesidad.
- Se levanta un ticket.
- Se prioriza en un backlog.
- Se agenda en un sprint.
- Se implementa semanas después.
Cuando finalmente el cambio llega a producción, muchas veces el contexto ya cambió.
El costo invisible de la lentitud operativa
Uno de los grandes problemas de este modelo es que su costo no aparece claramente en ningún reporte. No hay una línea contable que diga:
Pérdida por lentitud operativa
Sin embargo, sus efectos son constantes:
- Campañas de cobranza que se activan tarde.
- Segmentaciones que no reflejan la realidad actual.
- Reglas que siguen operando bajo supuestos antiguos.
- Oportunidades de recuperación que se enfrían.
El negocio no deja de funcionar. Pero funciona más lento de lo que podría. Y en ciclos de ingresos masivos, la velocidad importa. Mucho.
Un ajuste hecho hoy puede recuperar ingresos. El mismo ajuste hecho en dos semanas puede llegar cuando el cliente ya tomó otra decisión.
La tensión silenciosa entre negocio y TI
Este escenario genera una fricción interna que rara vez se verbaliza, pero que todos sienten.
Desde el lado del negocio:
- “TI es lento"
- “Siempre hay que esperar"
- “Nunca es prioridad"
Desde el lado de TI:
- “El negocio pide cambios sin medir impacto.”
- “No podemos romper la estabilidad.”
- “Después nadie se hace cargo del error.”
Ambos tienen razón.
El problema no es TI ni el negocio. El problema es que la plataforma no fue diseñada para que el negocio opere con autonomía. Cuando los sistemas solo pueden ser modificados por desarrolladores, cada cambio se vuelve caro, lento y riesgoso.
Autonomía no es desorden (es diseño)
Una confusión frecuente es pensar que darle autonomía al negocio equivale a perder control. Nada más lejos de la realidad.
La autonomía bien diseñada no significa:
- que cualquiera cambie cualquier cosa
- que no existan reglas
- que se rompa la gobernanza
Significa que el sistema fue construido con:
- límites claros
- reglas configurables
- permisos bien definidos
- trazabilidad completa
En otras palabras, significa que el negocio puede operar dentro de un marco seguro, sin depender de tickets para cada ajuste.
Qué cosas debería poder hacer el negocio sin TI
En operaciones de ingresos, hay un conjunto de acciones que ocurren constantemente y que no deberían depender de desarrollo:
- Ajustar reglas de cobranza
- Modificar segmentaciones
- Activar o pausar campañas
- Cambiar mensajes o canales
- Responder a contingencias operativas
Estas acciones no cambian la arquitectura del sistema. Cambian el comportamiento del negocio frente a la realidad.
Cuando estas decisiones se retrasan por dependencia técnica, el impacto no es abstracto. Se traduce en:
- menor recuperación
- mayor carga operativa
- peor experiencia de cliente
- y más presión interna
El rol correcto de TI en organizaciones maduras
En organizaciones más maduras, TI no desaparece del proceso. Cambia su rol. Deja de ser el intermediario de cada ajuste y pasa a ser el constructor de plataformas robustas.
TI se enfoca en:
- seguridad
- escalabilidad
- integraciones
- performance
- resiliencia
El negocio, en cambio, se enfoca en:
- reglas
- timing
- segmentación
- comunicación
- optimización continua
Ambos operan en capas distintas, pero coordinadas. Este cambio no reduce el control. Lo hace más efectivo.
No-code y low-code: medios, no fines
Muchas veces se habla de no-code o low-code como una moda. En realidad, son una respuesta natural a este problema. No porque eliminen la necesidad de TI, sino porque permiten separar claramente responsabilidades.
Un buen enfoque no-code en operaciones críticas:
- no permite romper reglas estructurales
- no permite afectar datos sensibles
- sí permite ajustar comportamiento operativo
Cuando esto está bien diseñado:
- el negocio gana velocidad
- TI gana foco
- y el sistema se vuelve más resiliente
El impacto directo en ingresos
Cuando el negocio recupera autonomía operativa, los efectos se notan rápido:
- Las campañas se activan cuando deben, no cuando se puede
- Los segmentos reflejan la realidad actual, no la de hace un mes
- Las reglas evolucionan con el comportamiento del cliente
- Las contingencias se gestionan en horas, no en semanas
Esto no es solo eficiencia interna. Es protección directa del ingreso. Cada día de retraso en un ajuste operativo es un día en que el sistema trabaja contra el negocio, no a favor.
Autonomía como parte del Revenue Assurance
Desde una mirada más estratégica, la autonomía operativa es una pieza clave del Revenue Assurance. Un ingreso solo está realmente asegurado cuando:
- el sistema puede reaccionar a fallos,
- el negocio puede intervenir a tiempo,
- y las decisiones no quedan atrapadas en procesos internos.
Si el negocio ve el problema hoy pero solo puede actuar en dos semanas, ese ingreso ya está en riesgo. Por eso, las organizaciones que toman en serio el control del ciclo de ingresos diseñan sus plataformas para reaccionar tan rápido como el problema aparece.
El verdadero cuello de botella
Cuando TI se percibe como el cuello de botella, el problema no es TI. Es que el sistema fue diseñado sin separar correctamente:
- lo estructural de lo operativo
- lo técnico de lo decisional
- la estabilidad de la adaptación
Mientras esa separación no exista, la fricción será permanente.
Cerrar la brecha
Resolver este problema no implica “sacar a TI del medio”. Implica rediseñar la relación entre tecnología y negocio. Plataformas que:
- protegen lo crítico
- liberan lo operativo
- y permiten evolucionar sin fricción constante
Ahí es donde la velocidad deja de ser una amenaza y se convierte en una ventaja competitiva. Porque en ciclos de ingresos complejos, no gana quien tiene más reglas, gana quien puede ajustarlas a tiempo.